Sting 3.0

Feb
23
2025
Buenos Aires, Ar
Movistar Arena
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Sting celebró su historia con el público argentino y recibió a Charly García en camarines...


El astro inglés ofreció el domingo el primero de los dos conciertos que agendó en el Movistar Arena del barrio de Villa Crespo.


En la memorabilia de los fans de Sting se atesorarán especialmente los conciertos de la gira 3.0 que el músico inglés viene dando, porque resumen y amalgaman de manera perfecta su carrera solista con los años que fue cantante y compositor de The Police, la banda con la que se dio a conocer al mundo, a finales de la década del setenta.


La síntesis está muy bien lograda y, además, subraya un aspecto singular de estos tiempos: la necesidad de un músico veterano y consagrado, de seguir subiendo a los escenarios por el simple hecho de hacer música. Tres músicos en escena (incluido el protagonista), instrumentos acústicos y eléctricos sin fantasías sonoras. Sting y su bajo, uno de esos que usa de toda la vida, y un micrófono pegado a su cara, que le da más libertad de movimiento. Eso es todo. Música. Y eso fue lo que entregó en el primero de los dos shows agendados en el Movistar Arena de Buenos Aires, con un repertorio que es prácticamente el mismo al de otras ciudades que viene visitando en el último tiempo.


En este espectáculo con el que gira por el mundo “Mensaje en una botella” abre el juego de un show que comienza con puntualidad inglesa y se desarrolla durante una hora cincuenta minutos, a través de poco más de veinte canciones. Tiene la medida justa. Lo primero que se escucha es el vector que fija todo el movimiento. Un trío de rock (guitarra, bajo y batería) y una serie de cuatro acordes. Pero no es una serie cualquiera sino una inspiradísima ecuación creada hace más de cuatro décadas por Andy Summers, quien entonces era socio de Sting en el mundo de la música. Luego, el estribillo y la vuelta a esos acordes que, en la palabras que llevan consigo, pondrán un aire fresco, algo nuevo para decir, para pensar. De esto habló Sting hace unos años, en una charla que se viralizó. Habló de la forma circular de la composición actual y del formato clásico del que él había aprendido, para hacer música. Por el modo actual mencionó al loop y la composición circular. En cambio, el sentido clásico de creación es aquel que expone una idea y puede (o no) encontrar un punto de tensión fuerte (de “crisis”). Luego la situación arriba a un puente musical que conduce otra vez a las estrofas que están al otro lado, con nuevas ideas, con otras reflexiones.


Las canciones de Sting (al menos la mayoría de ellas) tienen ese formato clásico y ofrecen esa posibilidad de encontrar algo distinto, al otro lado del estribillo. Y a esto hay que sumarle las ideas musicales que tienen más de inspiración que de complejidad. Una línea de bajo sencilla, una melodía emotiva, un riff que se queda pegado al oído y puede durar allí horas o días. El show que pensó Sting para esta gira es un compendio de todo aquello. Las canciones que su público quiere escuchar y cantar. Un formato imbatible que lo hizo famoso hace casi medio siglo y que hoy lo pone otra vez en la ruta para un tour de largo alcance, sabiendo que esa retrospectiva es la nostalgia que miles quieren convertir en música. 


El halo The Police, obviamente, ronda por el estadio todo el tiempo. Lo que suena no es una emulación, al menos no lo es en cada canción. Porque si lo fuera este show no sería otra cosa que una banda tributo a sí mismo. Y lo cierto es que hay canciones que son verdaderos cánones del sonido Police y de su “modus” compositivo (pensemos en “Driven To Tears”, por ejemplo) que no suenan a copia sino con el estilo de cada músico que acompaña al cantante inglés. Aun así, en los temas de su vieja banda el baterista Chris Maas (un sobresaliente sesionista que aquí asume con hidalguía el rol de músicos de banda de rock, y no un rol secundario) rescata con absoluta maestría los yeites (sincopás, contratiempos) del baterista de The Police Stewart Copeland. Y el guitarrista y mano derecha de Sting desde hace décadas, Dominic Miller,recurre a la armonización de Summers, todas las veces que considera necesario. El Sting solista, en cambio, trae menos prescripciones de pentagrama. Los músicos son mas libres y el público participa de otra manera. Al menos el argentino, que lo viva con cantitos típicos de recital y devuelve algún guiño cuando escucha ciertas frases del tema “Englishman in New York”. 


El manejo rítmico es otra de las claves de este show, porque es pura acción y reacción por sus cambios de paso. El salto de “Everything She Does is Magic” a la placidez de “Fields of Gold” es verdaderamente un giro abrupto que se vive con fluidez. En otro tramo pasa de “Never Coming Home” a “Synchronicity Il”, que es ese estallido molecular (del álbum de The Police de 1983), pero en este caso con limitador de velocidad y otros matices que aportan los músicos. Incluso, minutos después suena “Wrapped Around Your Finger”, que da paso a esos momentos para que Miller se luzca con sus propias invenciones.


La calidad musical se manifiesta, además, en la prescindencia de efectos visuales. Apenas dos pantallas, en los extremos superiores, con los primeros planos de Sting alcanzan para decorar semejante desfile de canciones que siempre dan en el blanco. Porque aunque algunos tuvieron más difusión que otros, todos estos títulos tienen la misma buena factura. Y el hecho de que volviera a sus propias fuentes, en cuando a formato, es algo que le sienta muy bien a este inglés de 73, para quien el tiempo pareciera no transcurrir. No faltaron otros temas muy significativos para el público: “So Lonely”, “King Of Pain”, “Walking On The Moon”, Every Breath You Take” y las que reservó para el final, “Roxanne” y “Fragile” (único momento en el que Sting dejó el bajo y se sentó con una guitarra). Tampoco faltó Charly García, que lo visitó en el camarín, minutos antes del concierto; un reencuentro que también llevará a los fans más añosos a recordar el escenario que compartieron en 1988, en River, durante la gira de Amnistía Internacional.


(c) La Nacion by Mauro Apicella


Sting, impecable a los 73 años, celebró en formato de trío sus éxitos con The Police y de su carrera solista...


Hace 45 años que Sting viene a la Argentina. Fue uno de los primeros músicos internacionales en llegar al país, antes del aluvión imparable de fines de los años '80, la década del '90 y de la actualidad.


Aquella primera visita fue un minuto antes del boom mundial de The Police, el trío que lo trajo al estadio Obras, la discoteca New York City y el Radio City de Mar del Plata. Volvió como solista en 1987, en un show pionero en llevar recitales al estadio de River.


Repitió al año siguiente con la mega-gira de Amnesty International, en 2001 en Vélez, 2007 nuevamente en River con la reunión de The Police, 2015 en el estadio DirecTV de Tortuguitas, y finalmente en 2017.


Este viaje traía una novedad: su regreso al formato de trío, con el guitarrista Dominic Miller y el baterista Chris Maas, una formación ideal para ahondar en los éxitos de The Police. Y así fue: 12 de los 22 temas fueron de su legendario trío con Stewart Copeland y Andy Summers.


A los 73 años, Sting bien puede armar una lista de canciones que sea una celebración a sus grandes éxitos. Con The Police hizo cinco discos y lanzó unos 20 singles. Y como solista grabó una decena de álbums y tuvo 10 hits. Le sobra material para un concierto a todo trapo.


En la primera de dos noches en Movistar Arena (repite este lunes), todo arrancó con puntualidad británica, a las 21 en punto. Sting subió a escena en remera y sin micrófonos de pie ni de mano, sino con un pequeño mic al estilo call-center.


Desde el minuto uno, todo fue cantado y ovacionado por el público, que festejó, hizo palmas ante la mínima indicación del cantante, y hasta le dedicó los clásicos "¡Olé olé olé, E-Sting, E-Sting!".


Message in a bottle marcó el tono y solo hubo que intercalar algunos momentos de calma para que no fuera todo al palo. De hecho, las únicas rarezas fueron Never coming home, del 2003, y el flamante single I wrote your name (Upon my heart). El resto fue una sucesión imparable de hits.


A saber, de The Police hizo Every little thing she does is magic, Synchronicity II, Spirits in the material world, Wrapped around your finger, Driven to tears, Can´t stand losing you, Walking on the moon, So lonely, King of pain, Every breath you take y Roxanne. Una locura.


A su vez, de su carrera como solista tocó If I ever lose my faith in you, Englishman in New York, Fields of gold, Mad about you, Fortress around your heart, Shape of my heart, Desert rose y Fragile.


Pensar que hay músicos que llenan estadios similares con apenas dos hits de renombre.


Párrafo aparte para Miller y Maas, que recrearon a la perfección el distintivo sonido de Summers y Copeland. Hubo alguna zapada final con un mínimo de improvisación, como en If I ever lose my faith in you y Roxanne, pero el resto del material Polce fue fiel al arreglo original, apenas ralentizando un poco Wrapped around your finger.


Otra buena decisión fue emparejar el sonido jazzero del inicio de su carrera solista con el sonido del trío, sin generar quiebres ni rupturas entre temas de una época y otra.


Con semejante repertorio, Sting optó por no interrumpir la fiesta y habló muy poco, incluso enganchando muchas canciones con las siguientes. Cada tanto gritó "¡Buenos Aires!", preguntó en castellano cómo estaban todos.


Solo detuvo la locomotora un minuto para sentarse en Mad about you y explicar que la letra estaba inspirada en una historia bíblica del rey David.


Por supuesto, abundaron las exclamaciones tipo "¡Ie-io!" típicas de The Police y también las arengas para que la gente hiciera coros.Sobre el final, a manera de síntesis de tantos años de visitas, remató "Me encanta Buenos Aires".


(c) Clarín by Marcelo Fernández Bitar


Sting: la música llevada a lo esencial…


El artista de 73 años, que está realizando la gira “Sting 3.0”, mostró las canciones de su etapa solista adaptadas al formato trío. Antes del show, el bajista, cantante y compositor tuvo un encuentro cumbre con Charly García.


“Sting 3.0” es el nombre de la gira que actualmente tiene ocupado al otrora líder de The Police, y que en la noche del domingo lo trajo de regreso a Buenos Aires. Si la última vez que actuó en la ciudad, en el Hipódromo de Palermo, ocho años atrás, lo hizo para presentar el que en ese entonces era su más reciente álbum, 57th & 9th (2016), y con el plus de que entre los músicos de esa formación de encontraba su hijo Rufus en la guitarra, en esta ocasión el músico inglés se subió al escenario del Movistar Arena (con una segunda función pautada para el lunes) despojado de excusas y conceptos. Es cierto que el anuncio de su regreso, en septiembre pasado, causó sorpresa, y esto se tradujo en sendos sold out, pero no se entendía muy bien lo que venía a hacer. Aunque tampoco tiene que haber una razón para ello.


De todas formas, en noviembre último, en la antesala de su actuación en Los Angeles, le preguntaron a qué se debía esta vuelta al trajín de los tours, a lo que el artista de 73 años contestó: “Todo mi modus operandi es la sorpresa. No quiero que la gente esté completamente segura de lo que voy a hacer a continuación. Ésa es la esencia de la música para mí. Y nadie esperaba un trío en este momento”. Además, añadió: “Me gusta desmantelar las canciones hasta dejarlas en su esquelético esqueleto y disfruto de que sigan siendo lo suficientemente resistentes como para soportar ese tipo de desmantelamiento. Las hace más duras y también más claras. Hay aire entre los instrumentos que permite que el oído se relaje un poco. Pero podés cambiar de dirección en un instante”.


Y exactamente eso fue lo que aconteció en este reencuentro con el público local. Sting es uno de los músicos que enalteció ese formato en el rock, antecedido por Cream y sucedido por Nirvana. Al menos en la capital argentina, la última vez que se lo vio tocando con un trío fue en la reunión de The Police, en 2007, en cancha de River. Ahora la novedad era apreciar las canciones de su carrera solista adaptadas a esta usanza, tal como pasó cuando desenvainó “Englishman in New York”, cuya impronta, si bien respetó la estructura original del tema, tuvo que adaptarse a la ausencia del saxo soprano de Branford Marsalis y al aporte de Mino Cinélu en percusión. Lo que sí honró a rajatabla Chris Mass, el baterista de esta encarnación, fue el solo que rompe con el pasaje jazzero, manufacturado por Manu Katché.


Algo similar ocurrió con “Never Coming Home”. El guitarrista argentino Dominic Miller, mano derecha del artífice británico desde hace muchos años, camufló a la canción de Sacred Love con dos himnos de The Police: en el inicio con “Bring on the Night” y al final con “When the World Is Running Down, You Make the Best of What's Still Around”. Y hasta algunos temas de la legendaria terna experimentaron la renovación. Quizá al que mejor le sentó el maquillaje, porque tampoco es que estas reinvenciones sufrieron una transformación total, fue “Spirits in the Material World”. A falta de esos sintetizadores que generan el clima fantasmal, Sting, que habló lo justo y necesario durante el show, eligió llevar a la configuración reggae que sujeta a la canción hacia una instancia más roots e incluso dub.


Los primeros antecedentes de los que se tengan registros en los que el artista, dueño de una voz, estampa y carisma plenos, formateó sus temas se remontan a 1986. Al mismo tiempo de que The Police publicaba una nueva versión de “Don’t Stand So Close to Me”, apareció en el alba de su carrera solista el disco en vivo Bring on the Night, donde las canciones del grupo probaron una personificación más jazzera. En ese sentido, la grabación más reciente en la que el bajista, cantante y compositor le dio otra vuelta de tuerca a su música data de noviembre, cuando el ensamble suizo Thélème lo llamó para reconstruir “Shape of my Heart” en el disco All We Get is Life. Al igual que el resto de las piezas del álbum, que adapta composiciones de John Dowland y John Cage, el hit de 1993 nada entre la música clásica y la contemporánea.


“Shape of my Heart” también fue de la partida en este retorno a Buenos Aires, aunque manteniendo la sencillez que inicialmente la distingue. Sin embargo, el recital, de casi dos horas de duración, arrancó con “Message in a Bottle”, de The Police, a la que le siguió “If I Ever Lose My Faith in You”, de su carrea en solitario. Y así se mantuvo un rato: alternando su obra grupal con la unipersonal. A “Every Little Thing She Does Is Magic” le pisó los talones “Fields of Gold”, y antes de “Mad About You” tocaron “Synchronicity II”, partícipe del último disco de estudio del trío, despejada de la vehemencia treintañera que le dio vida con la intención de adecuarla a la adultez. Para muestra de que su esencia se preservó intacta, apenas la canción comenzó a tomar forma el público salió eyectado de sus asientos.


A pesar de la austeridad de la puesta en escena, los temas tuvieron un motivo que los acompañaba en las visuales. “Wrapped Around Your Finger”, por ejemplo, apeló por velas, basándose en su video. En este último, Sting, quien previo al recital tuvo un encuentro cumbre con Charly García, aprovechó la impronta minimalista de la canción para llevarla hasta una circunstancia dub, lo que sirvió para bajarle un cambio. Afín a lo que sucedió con “Can’t Stand Losing You”, mechada en el cierre con la hipnótica “Reggatta de Blanc”. En tanto que “Walking on the Moon”, dub oscuro como pocos, fue interpretada con ese mismo inglés jamaiquino que la inspiró. Anteriormente a esto, sonaron “Driven to Tears”, “Fortress Around Your Heart” y “I Wrote Your Name (Upon My Heart)”, flamante single con sabor a country rock.
Sting y Charly.


La reconciliación del artista con el reggae tuvo como disparador el disco que firmó con Shaggy en 2018, 44/876, a los que le siguieron The Bridge (2021) y My Songs (2019), donde replantea y reacondiciona sus hits. Lo que funcionó como antecedente de este tour. De lo que pudieron dar fe “So Lonely” o “Desert Rose”, en la que Miller hizo magia con su guitarra para erigir el sonido norafricano que atraviesa al tema. También fue notable la efectividad del baterista luxemburgués, que supo congeniar en el diálogo de la base rítmica con el bajista y cantante. Y eso volvió a quedar de manifiesto en “King of Pain” y “Every Breath You Take”, hito que dio pie para el bis. Volvieron a escena para hacer “Roxanne” y “Fragile”, en el que Sting se colgó la guitarra acústica y sentenció que los clásicos sólo están en los anticuarios.


(c) Pagina 12 by Yumber Vera Rojas

 

Comments
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posted by DBPRI71
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